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miércoles, 16 de octubre de 2013

Pahidahue II - 26 de Agosto de 2012

 1- Paula Impellizzeri     2- Manfred Paulmann     3. Eduardo León
 4. Bernardo Hashaggen  5. Alex Von Rieggen      6. Basilio Impellizzeri
 7.                                    8. Mauricio Cottin         9. Pedro Agliati
10. Arianne Claussen     11. Ana María Tapia      12.
13.                                   14. Katrin Danitz Duk          15. Bernhard Danitz Duk
16. Mario Lisperguer      17. Suria Duk                  18.                    
19. Cristian Sáteler         20. Martín Buschmann     21. Roberto Ulate
22. Alberto Meriz            23. Hector Rodriguez       24. Alejandro Collao
25. Augusto Olivares       26. Roberto Ebensperguer27. Isabel Duk       
28. Carlos Claussen         29. Oscar Perez                30. Claudio Lombardo
31. Jaime Didier               32. Rodrigo Meléndez      33. Sergio Melendez
34. Hernán Cortés             35. Michael Sammann
 Jeróimo Lavancy, Carolina Benavides, esposas, niños y jóvenes desparramados por el cerro, a sus anchas, conversamos, compartimos, nos "castigamos" con un asado, sacamos fotos.     
        Fué un gran escuentro de antiguos aladeltistas, de otros que pasaron por otros deportes aéreos, pilotos comerciales, planeadoristas, paracaidiastas , que en general siempre vuelven a las alas delta o están pensando en las maravillosas sensaciones que en sus vuelos lograron por ese medio y los que estamos aún volando fieles a nuestras alas delta. Tan es así, que sobrevolaron el lugar, Renato Wert en un avión deportivo, Eduardo Bonet con su avión ultraliviano y Felipe Jarpa lo hizo en un planeador con motor auxiliar, todos ellos dieron un colorido especial , manos alzadas y emocionados saludos con manos levantadas y Charlie con su radio hablando con ellos y guiándolos en sus varias  pasadas rasantes.-
     A instancias de Claussen nos reunimos junto al monolito que recuerda  a Vicente Arce Rodríguez, a recordar y resaltar las virtudes y contar alguna anécdota que vivimos con los compañeros fallecidos , Arianne Biedermann, Roberto Danitz, Alejandro Berona, Milo Timmermann, Sergio Rivillos, René Farías, José Antonio Escobar, Pedro Plaza.  Alex Estay, Herber Klapp y otros.
    Ardo en deseos de contarles como lo viví , discúlpenme pero no puedo con mi genio. 

   Yo, que traía harta ansiedad luego del primer encuentro, temprano me junté con Paula, la única de mis hijos que estuvo “desocupada” y nos repartimos la carga, carbón, carne, una ensalada un par de naranjas. El resto de mi “enorme” mochila estaba lleno de deseos por ver a mis amigos, y con desbordante alegría disfrutar de su conversación,  de los abrazos de ellos y los besos de ellas. Al llegar a “Senderos del San Ramón” , había más gente que la primera vez y pronto estábamos en camino a la cumbre del Paidahue. Charlie, que las oficiaba de guía, armado de una enorme radio por batuta, dirigía a los que habiendo llegado tarde venían detrás y también con otros alados personajes que nos sobrevolarían.
   Como les conté, después del almuerzo y recordatorio y homenaje a nuestros compañeros fallecidos, Charlie, me invitó a un “Plato fuerte” para mí, que "armado" con  mi cuadernito escuché como Don Sergio Meléndez, fabricante de alas delta, hélices y cosas para volar nos relató que “por el 74”, se acercó con un amigo a donde estaban los que volaban en alas delta. En La Reina conoció a Carlos Alcalde, Cristian Sáteler y Mario Líspeguer de los cuales aprendió. Que colaboró entusiastamente con el Club Juan Sebastián Gaviota en contactarse y conseguir interesar a las Autoridades de la aeronáutica y es así como la DIGEDER, LA FACH, LA DGAC, AEROCOM, quieren colaboraron con dinero y con materiales e incluso con alas Fénix.- Así fue como Don Sergio fabricó las primeras 20 “Alondras” en esos primeros gloriosos tiempos del aladeltismo chileno.-
 También Claudio Lombardo, revolvió sus neuronas y sacó un montón de recuerdos en la formación de un Club que agrupara a la pujante juventud universitaria. Lamentablemente había que “aterrizar” las caldeadas mentes y bajar el cerro, llevándonos para la casa una “carpeta”  llena de  imborrables recuerdos y la promesa de pronto, repetirnos el plato.-  
Monolito recordatorio Vicente Arce Rodriguez
 
Asado en la cumbre
Arianne Clausse, Carlos Claussen con su inseparable radio, Basilio, Isabel Duk, el "Yiyi" Valenzuela con su fierrito y de espalda Cristian Sáteler.-

lunes, 17 de septiembre de 2012

EL PAIDAHUE Y LAS ALAS DELTA DE CHILE




















1.Rafael Souza                       15. Isabel duk                            
2 Félix Suzaeta                       16. Pedro Agliati            
3. Claudio Lombardo             17. Lorena Buracchio      
4. Tannenn  (jr.)                     18. Roberto Ulate                         
5. Claudia Aguirre y sus niños 19 Mauricio Cottin            
6. Eduardo León                     20. Oscar Perez               
7. Basilio Impellizzeri               21. Roberto Ebensperguer
8.                                           22. Claudio Ahumada
9. Carlos Claussen                  23. Alberto Meriz
10. Luis A. Valenzuela            24.
11. Arianne Claussen              25. Rodrigo Guzmán
12. Bernhard Danitz               26. Wilfredo Guzmán
13 Katrin Danitz                     27. Cristian Tannenn                  
14. Suria Duk                         28. Hector Rodriguez                   







1. Pedro Agliati (asomando)
2. Leonardo Briceño
3. Basilio Impellizzeri
4. Claudio Ahumada
5. Carlos Claussen (de espaldas)
6 Isabel Duk



EL CERRO PAIDAHUE 
   En la tibia mañana del 24 de junio del crudo invierno del 2012, íbamos animadamente hablando de alas delta en su auto, mi amigo Claudio Ahumada y yo. “Acá es”-dijo, y entramos en un amplio estacionamiento con un letrero en la puerta: Senderos Aguas del San Ramón, ubicado al pié de la pre-cordillera de Los Andes, en La Reina. Apenas frenó, ya corrí a estrechar fraternales brazos de otros camaradas, viejos compañeros de vuelos y de las emociones que brinda nuestro deporte.- Pronto llegaron otros y se fue conformando un bullicioso grupo de familias.
   Ya te conté quienes éramos y luego te explicaré a qué veníamos:
   El Paihahue es el cerrito donde nació el aladeltismo chileno. Allí fue la sede del Club Juan Salvador Gaviota y donde se formaron las primeras bandadas de hombres pájaro. Es un “viejo amigo”. Es a él a quien buscamos con la mirada, toda vez que se nos ponen a tiro las montañas que rodean Santiago. Por eso cuando nuestro camarada Carlos Claussen que está en esto del treeking nos sugirió la idea, pronto nos entusiasmamos y aquí estábamos.-
    Alineados nos anotamos, pagamos la entrada y arrancamos para recorrer un sendero que nos llevaría a la cumbre. Como la cosa era “con asado”, mi mochila llevaba su carne, verdura, una fruta y bastante agua que era lo más pesado. Así nos fuimos conversando los mayores, mientras fue notable como los niños demostraron mucha disposición a caminar “con las pilas puestas”.- Sólo las guaguas miraban el paisaje desde arriba de una mochila.-  
   Llegamos al primer descanso, unas fotos y continuamos la subida, ya más abrupta, donde sólo me preocupé de donde ponía los pies para no “irme de hocico”,  en fila india siguiendo a Charlie que “a paso de liebre” y con radio en mano, las oficiaba de guía.- Más arriba y más cansado pasé junto a un letrero caído que decía “prohibido pasar, recinto privado” y pensé que bien podría haber sido un colchón donde tirarme y así, con la lengua afuera, llegamos a la antigua Cancha 7, ubicada a unos 200 metros de altura desde el pie del cerro.- Desde allí veíamos toda la ciudad y especialmente cómo cambió todo aquello.- Donde estuvo nuestro aterrizaje, la pérgola, la sede, la cancha uno,  la 5; en cambio ahora hay casas con piscinas, canchas de tenis y cuidados jardines. Y también nos detuvimos a recordar nuestras aventuras, donde nos aporreamos, donde nos entrenábamos los futuros hombres-pájaro y también donde se mataron Fernando Verona y Sebastián Betch.
   Otro grupo, también de los nuestros, por no poder (o querer) hacerlo a pié,  habían arrendado caballos para la subida (con parrilla y carbón) nos antecedió y el resto continuamos. Así entre risas y gritos, llegamos a la cumbre.-
   Mientras algunos se afanaban en preparar fuego y parrilla, otros bulliciosos grupos, sentados en el sitio del antiguo despegue, o sobre el pasto, recordaban esto o aquello. También miramos hacia arriba, porque había mucho que contar de los tiempos en que llegar al Cerro Tres Puntas y al Cerro La Cruz, eran una hazaña y llegar al nevado San Ramón (3.250 mts.) era graduarse de piloto.
   Yo fui lamentablemente uno de los que no alcancé a llegar porque la urbanización del lugar nos impidió seguir volando en un lugar con tantas proyecciones; pero mostrando los dedos, les dije que soñando lo he logrado “todas estas veces”.- Así, alegremente nos pilló el atardecer y tuvimos que bajar.-   Una cálida despedida y la promesa de volver a repetirnos el plato fue el epílogo del inolvidable día.
   Muy satisfechos, Claudio y yo volvimos a su casa. Ya en la mía, mi airada esposa reclamó "¿Porqué tardaste tanto? " A mi no me pareció para nada que fuera “tanto”.-
Max Spiess con sus 3 hijos
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PD. Por supuesto que hubo un nuevo encuentro, el 26 de Agosto, mas numeroso y con otras atracciones que luego te contaré.- Un abrazo.



miércoles, 22 de agosto de 2012

ALAS DELTA Y PARACAÍDAS





el piloto y el ala cuelgan del paracaídas





A los aladeltistas nos reconforta ir equipados con un paracaídas, un compañero psicológico, nos dá seguridad, un "por si acaso". Así es como practicamos su abertura y nos mentalizamos para hacerla bien y rápido, porque no "es saludable" quedarse tieso cuando se debe actuar con decisión para salvar el pellejo.Y los resultados están a la vista: cuando Vicente Arce Rodríguez chocó con José Antonio Escobar en Arica (1978) nadie sabe porque no abrió su paracaídas. Veinte años después otro compañero, Milo Timmermann, luchó por abrirlo y no lo consiguió: fue fatal para los dos.-
  En cambio otros tuvieron mejor suerte y se salvaron. Por si te interesa saber como lo lograron, yo les pregunté y te lo cuento:
   Michael Samann después del choque (conmigo) "Caí dentro del ala, invertido con el trapecio para arriba, rápidamente abrí la bolsa del paracaídas y lo tiré para arriba, luego sentí el tirón y esperé el golpe, no lo fue tanto porque caí en la ladera".-
   Cristian Cid hace unos años: "Intenté un looping, cuando estaba arriba e invertido, me quedé sin velocidad para completar el círculo. El ala comenzó a caer invertida, se le quebraron las punteras de los tubos de ala, y la velocidad aumentó. Como caía con el ala, había que abrir el paracaídas sin que se enredara, cosa que logré cuando estaba a sólo 40 metros del suelo, luego me trepé a la parte mas alta de la estructura y esperé el choque" Cristián salvó con todos los huesos sanos, pero dos días de cama, el susto y el flamante AT hecho pebre lo disuadieron a nunca más intentarlo.
   A Eduardo Bonet lo pillé en la Junta de Viejos Pajarracos y le pregunté: ¿Porqué no me cuentas como fue que se te abrió el paracaídas aquella vez en la Cuesta Barriga? Y sorprendido me corrigió: "No se me abrió, tuve que abrirlo y me sorprendió lo fácil que soltó el velcro, uno de 2 pulgadas durísimo, debo haber hecho una tremenda fuerza".-" Tan es así que se sorprende después de un  montón de años, fue por el 80, estaba volando a considerable altura esperando el despegue de su inseparable  amigo Luis Alberto Valenzuela para avanzar juntos hacia el Bustamante (2.200mts), cuando sintió un golpe en el ala porque se había quebrado un tubo.- (insólito que esto ocurra)y continuó:- "Como te dije quedé invertido y ni me acuerdo cuando el paquete voló para arriba y encontré que la cuerda se desenredaba lejos hasta que se abrió. Mi preocupación era no caer de espaldas y la cuerda estaba enredada en la punta del trapecio, lo cual mantenía al ala más o menos horizontal, favoreciendo de esa forma una caída más lenta y como girando en círculos".-¿"Y?, lo urgí"-"Y nada, no me pasó nada".-
   Entonces le conté lo que pasó hace muchos años en Batuco con José Schuarmann (QEPD), quien cayó de espaldas o mejor dicho traía el cuerpo inclinado hacia atrás, con los pies parado sobre el trapecio, haciendo fuerza para mantenerla horizontal, con tan mala suerte que su estirada pierna dio contra un peñasco, quebrándole el fémur en varias partes. Pepe estuvo negligente, porque antes de despegar le advirtieron que el cierre del paracaídas estaba suelto. En esa ocasión yo esta aterrizado y lo v{i todo. Angustiado partí al rescate con mi furgón, lo bajamos y pronto llegó el helicóptero de Carabineros. Fue para nosotros una lección de advertencia, un pequeño detalle, un descuido, una porfía, que son evitables y nos pueden costar la vida.-
  Y para terminar te cuento que por mi parte he repasado mil veces mental y físicamente la maniobra por si alguna vez necesito abrirlo. Si lo logro, no me importaría caer "sentado" sobre un cactus.-